Espejo.
Elevó el cuello ligeramente y comprobó que
la longitud de su barba, en parte canosa, en parte oscura, comenzaba a ser
alarmante incluso para su gusto.
Mañana
Agua fría. Se restregó los ojos para despegarse las
legañas. Espejo. Dos palmadas en el abdomen.
Estoy
engordando
Sonó el teléfono. Se trataba de un ring clásico,
como no podía ser de otro modo en una persona de clásica apariencia. Mientras
sonaba, sin ninguna prisa, se puso una camiseta blanca que yacía sobre el sofá
como si fuese un cadáver. Al enfundársela decidió que el suavizante con olor a
jabón de Marsella era, sin discusión, la mejor compra del mes. El teléfono
continuaba sonando.
Deslizó su mano derecha por su frente hasta toparse
con las raíces de su cabello, y una vez dentro de aquella maraña, la sacó hacia
fuera por la zona del flequillo, con la vaga intención de peinarse. No surtió
efecto, —el teléfono sonaba— pero al menos el pelo ya no estaba aplastado
contra la cabeza, ya no parecía tan sucio. Sobre el sofá estaba también su chaqueta.
Se miró de nuevo al espejo. Era sorprendente lo bien que le quedaba esa
chaqueta negra —el teléfono continuaba sonando— sobre cualquier cosa, incluso
sobre esa camiseta arrugada.
—Estaba saliendo —dijo finalmente al descolgar el
auricular.
—Sí, seguro.
La voz del subinspector Gabriel Pérez era
inconfundible.
—¿No empezaban hoy mis vacaciones?
—Todavía te quedan dos días en el infierno, y digo
infierno porque ayer a última hora se rompió el aire acondicionado —cuando
Gabriel Pérez hablaba, una extraña mezcla de seriedad y levedad flotaba en el
ambiente.
—Voy ya.
—Tómate tu tiempo, llegas dos horas tarde.
Entró a la cocina para ver si las llaves estaban
por ahí, pero no las encontró. Descubrió que desde la noche anterior, dormían
debajo de una bolsa de patatas fritas vacía que desde hacía dos días se paseaba
por aquel salón como un alma en pena, deseando ser juzgada por fin, y
consecuentemente llevada al cubo de la basura. Sintió asco de sí mismo al
comprobar que su apartamento volvía a ser un desastre. La limpieza del mes
pasado era ya solo un vago recuerdo. Decidió que al regresar del trabajo
recogería todo un poco. No lo hizo.
Booktrailer de la pieza invisible
La pieza invisible / Editorial Círculo Rojo
Ebook / Casa del Libro
¡Suerte con el blog!
ResponderEliminar